El problema ortográfico en el Inglés desde el punto de vista linguístico

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El problema ortográfico en el Inglés desde el punto de vista linguístico

El problema ortográfico en el inglés es, de suyo, un aspecto «externo» de la lengua. Pero no por ello carece de importancia para la investigación lingüística. Sobre todo si tenemos en cuenta la indudable conexión entre el tema de escritura y el desarrollo interno de la lengua en los varios periodos de su evolución. De ahí que lo consideremos como una especie de «transición» entre los dos capítulos que hemos dedicado a la historia externa de la lengua inglesa, y los seis que dedicaremos a la Historia Interna de esta lengua.

Vamos, pues, a presentar una visión panorámica de esta cuestión en los períodos históricos más significativos.

Los tratadistas tradicionales del inglés, siguiendo quizá la tendencia de la escuela alejandrina habían codificado la lengua basándose en los «autores más acreditados». Y de ahí que la norma escrita del inglés fuese el aspecto primario de la lengua; para algunos, el único auténtico y perfecto, el verdadero índice de la cultura y aristocracia intelectual del individuo o comunidad lingüística. El Inglés hablada era siempre menos cuidada, y radicalmente «inferior» a la escrita. Y por consiguiente resultaba innecesario, y hasta improcedente, ocuparse en estudiarla.

 

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Y esta orientación será la que informará también la mayoría de los métodos pedagógicos de la Gramática-Traducción (= el método tradicional de enseñanza y aprendizaje de las lenguas «no-nativas»). Así se desprende, por ejemplo, del Informe del «Comité de los Doce» (creado por la Modern Language Association of America, en 1892, para aconsejar —en cuanto a «Programas» y «Métodos pedagógicos»— a la asociación nacional de profesores de idiomas) en el que la habilidad para hablar y comunicarse no parece tener importancia alguna. La finalidad concreta y específica del aprendizaje de una segunda lengua, sólo podrá ser en familiarizarse “with the higher ends of linguistic scholarship ant titerary culture (of that languaje)“, es decir, con la lengua escrita.

El panorama cambiará por completo con el advenimiento del estructuralismo. Los lingüistas de orientación estructuralista y distribución legalista reprocharon a los tratadistas tradicionales en la verdad o tal importancia a la lengua escrita, el único y fundamental) solamente a la lengua hablada.

Saussure encontrará absurda, incluso, la idea de que una palabra escrita “se pronuncia” de esta o de la otra manera porque en realidad, es tan solo el sonido (hablado) el que se escribe de este o no del otro modo.

Ya no se hablará tampoco de la lengua escrita, o simplemente de ortografía, la representación de la verdadera lengua( que es la hablada): «langue et écriture sont deux systémes de signes distints unique raíson d’étre du second est de représenter le premier».

Y una «representación» muy imperfecta, por cierto. Los avances fonéticos de tíñales del siglo XIX y principios del siglo XX vendrían a mostrar que la ortografía convencional no tiene ningún valor. Lingüísticamente, la única escritura «científicamente exacta» era la transcripción fonética.

L. Bloomfield será aún más contundente: «Writing is not language, but merely a way of recording language by means of visible marks». Y aducirá, para probarlo, razones de orden etimológico [= el término mismo, que procede del latín Linguales, que hace referencia única y exclusivamente a los «sonidos»] y de orden histórico [= la comunicación oral existía miles de años antes que cualquier comunicación escrita]; y concluye :

 

The popular-scholastic contrast of spoken language and written language is entirely misleading. Writing has been practiced in only few communities, and these until recently, almost always as a special skill of a few people.

 

Y en efecto, el que la lengua inglesa pueda o no escribirse parece totalmente «accidental», desde el punto de vista estrictamente lingüístico (sobre todo tras los descubrimientos científicos —cinta magnética, fonógrafo… y demás recursos tecnológicos para la conservación y transmisión de la lengua hablada).

 

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Este enfoque parece «definitivo», por lo menos hasta los años de 1960. Todavía en 1958 Ch. F. Hockett sigue oponiéndose al uso de los términos spoken language y written language calificándolos de “laymen’s terms que sugieren que “speech and writing are merely two diferent manifestations of something funadamentally the same” cuando en realidad son las manifestaciones habladas las únicas que reflejan la lengua en toda su plenitud : “The cannel for all linguistic communication is vocal-auditory”. Lo que hace concluir excluyendo la lengua escrita de la categoría de “lengua Humana”, exactamente igual que la “lengua de los tambores africanos”

 

En los últimos años, apaciguados ya los primeros estructuralistas y distribucionalistas (un tanto exagerados u unilaterales, como casi todos los «fervores» iniciales que acompañan a cualquier movimiento reformador) comienza a enfocarse la cuestión desde un punto de vista más ecléctico y equilibrado. H. J. Uldall había entrevisto ya con la claridad que el sistema del habla y el sistema de la escritura «are… only two realizations out of an infinite number of possible systems, of whih no one can be said to be more fundamental than any other».

Uno de los enfoques más positivos del problema es, quizá, el que nos ofrecen algunos funcionalistas, más o menos encuadrados en la Escuela de Praga: W. Haas, V. Fried, K. Hansen, F. W. Householder, J. Vachek, R. Venezky, etc. (cf. Bibliografía).

En esa línea, podríamos afirmar que la lengua escrita es el sistema de recursos gráficos, aceptados por la comunidad lingüística; y empleados para plasmar, o representar, las varias expresiones orales de una lengua dada; «recursos» que irán evolucionando a medida que lo vayan haciendo las necesidades expresivas de la comunidad lingüística en cuestión.

En este sistema de «recursos gráficos» hemos de incluir:

  1. Los grafemas propiamente dichos (las «letras»). Cada uno de ellos se caracteriza por ser distinto de los demás del sistema.
  2. Los signos diacríticos (aunque sean de escasa o nula importancia en la lengua escrita del inglés actual).
  3.  Y las leyes que regulan la combinación de tales «signos» o grafe-masi y que poseen, por supuesto, un marcado carácter normativo (en cada comunidad lingüística).

Este carácter normativo (al que deben conformarse todas las expresiones escritas —al igual que las expresiones orales han de conformarse a su «norma»— en una comunidad dada) es uno de los aspectos que más resaltan los funcionalistas. J. Vachek, por ejemplo, prefiere hablarnos de la norma hablada y la norma escrita de la lengua; normas que caracteriza y define del modo siguiente:

  • La norma hablada de la lengua es un sistema de elementos lingüísticos de naturaleza sonora cuya función es la de reaccionar a un estímulo dado (que es, por lo general, apremiante) de un modo dinámico (es decir, pronta e inmediatamente), expresando así convenientemente no sólo el aspecto puramente comunicativo, sino también el emocional, del usuario de la lengua que reacciona al mismo.
  • La norma escrita de la lengua es el sistema de elementos lingüísticos de naturaleza gráfica cuya función es la de reaccionar a un estímulo dado (que, por lo general, no es apremiante) de un modo estático (es decir la observación y demora deseadas), concentrándose así particularmente en el aspecto puramente comunicativo del usuario de la lengua que reacciona al mismo.

El miembro de una comunidad lingüística «culta» debería dominar las dos normas de la lengua; sólo así podrá decirse que explota todas las posibilidades sistemáticas de dicha lengua, puesto que ambas son funcionalmente complementarias, aunque en determinadas ocasiones una puede ser más adecuada que la otra. Las circunstancias en las que la norma escrita parece especialmente indicada suelen tener algo de especial: ideales y funciones altamente culturales o civilizados (literatura, investigación científica, legislación, funciones administrativas, etc.).

En este sentido podría considerarse la lengua escrita como el elemento marcado de una oposición, cuyo miembro no-marcado sería la lengua hablada.

 

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La pronunciación (o la «transcripción fonética», representación de la misma) podría considerarse como una especie de «puente» entre ambas normas. La actividad de gran parte de los fonetistas, ortólogos y reformadores del sistema ortográfico inglés se orientará, precisamente, a establecer una correspondencia y simetría estructural entre los dos sistemas y a lograr que ese «puente» facilite al máximo el «paso» de uno a otro.

Se ha subrayado ya esta correspondencia a nivel de «grafema-fonema» e incluso de «palabra-morfema»; pero el estudio riguroso de la misma deberá sistematizar tanto las equivalencias como las discrepancias11 y explicar, asimismo, la ínter influencia mutua (de cada uno de los sistemas sobre el otro) en el desarrollo de la lengua. Un ejemplo de influencia de la norma escrita inglesa sobre la hablada podría ser el de las palabras del tipo point, joint, etc., cuyo núcleo vocálico se remonta al diptongo del inglés medio [oi]/[ui] (los originales latinos poseen una [ü]: punctum, junctum…).

Y, en consecuencia, durante los siglos xvn y xvm, los dos diptongos coinciden (como se observa en algunas rimas de fines del siglo XVII: poison / surprise on; joins / refines; toil / compile; etc.); pero la norma escrita —según la ortografía francesa, admitida definitivamente a comienzos del inglés moderno para estas palabras— hará que tales diptongos no evolucionen igualmente hacia [ai].

No nos parece éste el lugar adecuado para analizar y establecer con todo rigor las correspondencias e interinfluencias entre los dos sistemas (hablado y escrito) de la lengua inglesa, ni tampoco la problemática que de ellas pueda desprenderse. Tan sólo nos interesaba subrayar la conexión entre ambas normas, y la importancia de la lengua escrita (incluso en algunos planteamientos de orientación «estructuralista»).

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